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Primeras palabras

Algunos niños tardan más tiempo que otros en comenzar a hablar porque son muy observadores y les gusta escuchar y ver todo lo que les rodea Estos pequeños suelen soltarse cuando van al colegio con 2 ó 3 años y se dan cuenta de que sus amigos utilizan el lenguaje oral para relacionarse

La mayoría de los padres recuerda con nitidez el momento en el que sus hijos pronunciaron su primera palabra. Detrás de esas pocas sílabas hay horas y horas de observación y aprendizaje por parte del pequeño, que hasta ese instante se ha hecho comprender mediante gestos, sonrisas y berrinches. En numerosas ocasiones, el entendimiento depende exclusivamente de la intuición de sus familiares.

«La primera palabra es un regalo del niño a sus familias», asegura el doctor José Monviella, del Instituto Médico de Desarrollo Infantil de Barcelona. Cuando el niño comienza a hablar, los padres, sobre todo los primerizos, se 'emborrachan' de satisfacción y de alegría. Otros, además, respiran aliviados después de varios meses de preocupación en los que su hijo, a diferencia de otros de la misma edad, no ha dicho ni una sola palabra.

Y es que numerosos padres se agobian cuando ven que pasa el tiempo y que sus niños no se sueltan a hablar. Un sentimiento que se agudiza cuando comprueban que los hijos de otros matrimonios se inician en el lenguaje oral y los suyos no. Existen sistemas de control que permiten detectar si un niño no habla porque tiene algún problema, por ejemplo auditivo, y que, por esa razón, se encuentra aislado de lo que le rodea. Pero, si no es así, no hay motivos para preocuparse. «Simplemente -explica el especialista- hay unos niños que pasan muy rápido a la acción de hablar y hay otros que son más observadores y, por lo tanto, un poco tardones».

«Sonrisa inteligente»

Hasta que pronuncian su primera palabra, los pequeños utilizan «la expresión facial y corporal». Durante los primeros meses de vida, los padres tienen que comprobar si sus hijos responden con gestos ante ciertos estímulos externos. «Hay que ver si los bebés tienen una sonrisa inteligente. De esta forma, se sentirán más tranquilos», subraya Monviella.

En una segunda fase, aproximadamente hasta el año y medio, los niños empezarán a emitir sonidos guturales y disfrutarán de ese descubrimiento. Incluso los dirán una y otra vez para escucharse, jugar y divertirse. «Usarán vocales y sílabas y, poco a poco, avanzarán hasta pronunciar el famoso 'ajo'», señala el médico.

Ya con 2 años, la mayoría de los pequeños entran en el mundo de las palabras. Al principio se limitarán a repetir lo que dicen sus padres pero, poco a poco, adquirirán vocabulario y serán capaces de construir frases con sentido. «A los 3 años aparecerá el 'yo'. Los niños darán sentido a las palabras e intentarán ligarlas. Que surja el 'yo' es muy importante, porque si los hijos son conscientes de que son alguien, expresarán las cosas que les pasan dentro», sostiene el experto en desarrollo infantil. Es en esta etapa cuando algunas familias sufren porque sus niños todavía no hablan. Pero si los pediatras no han detectado ninguna anomalía que explique su silencio, los padres deben estar tranquilos.
«Lo que ocurre -añade el experto- es que estamos ante un niño que prefiere la observación antes de pasar a la acción». José Monviella puntualiza que, por norma general, estos pequeños se sueltan cuando van al colegio con 2 ó 3 años y se dan cuenta de que sus compañeros se comunican entre ellos a través de la palabra cuando están jugando.

La estimulación

Porque ellos también han interiorizado el vocabulario, aunque no lo usen. «A los niños más observadores les encanta escuchar, pero no actuar. Cuando llegan al colegio, sí hablarán, porque los otros niños les estimularán recordándoles que no saben hacerlo», dice el especialista del instituto de Barcelona.

No obstante, y aunque pueda resultar contradictorio, puede darse el caso de que un pequeño tenga serios problemas de entendimiento a pesar de que haya comenzado a decir palabras a edad muy temprana y tenga un gran vocabulario. Son niños que «hablan muy bien» pero que son incapaces de relacionar lo que dicen con un contexto determinado. «No dirigen el lenguaje a la situación concreta que les rodea». En estos casos, las soluciones sólo las tienen los especialistas.

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