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Diagnóstico del niño disléxico en preescolar

Las diferentes etapas evolutivas del aparato auditivo desde la vida intrauterina, deben franquearse al tiempo que madura la afectividad y se estructura el sistema nervioso. En ocasiones, las dificultades emocionales frenan esta evolución, dando lugar a fijaciones y bloqueos en la escucha.

La voz de la madre le ha acariciado a lo largo de su vida fetal; al momento de nacer deberá romper la relación sonora liquidiana que le unía a su madre, para adaptarse a otro universo, un mundo aéreo donde tendrá que aprender a conocer todos los secretos acústicos. Necesitará múltiples ejercicios para encontrar aquella voz y dejarse penetrar a continuación; por múltiples mensajes que le ofrecerá su entorno. El diafragma auditivo, aprenderá a reabrirse en el deseo de un nuevo encuentro, de un nuevo diálogo, basado esta vez en estructuras lingüísticas mucho más complejas.

Es interesante observar cómo se forma la cadena hablada, al tiempo que se transforma el aparato de escucha y que la motricidad del cuerpo se va controlando. La programación neuronal que va a conducir al niño hasta su verticalidad, superando las diferentes etapas hasta llegar a ella (reptando, gateando, sentado, ...). Cada etapa introducirá escalones distintos: el balbuceo, primer lenguaje, es un juego sonoro sin valor significativo al principio, pero coloreado de intencionalidad siempre según los deseos del niño y la reacción del entorno. Este primer lenguaje, es la verdadera lengua materna. Es bisilábico: instalado sobre una bilateralidad que rápidamente se diferenciará pasando a una lateralización o más exactamente a una jerarquía cortical. A cada hemisferio se le atribuyen funciones específicas; el izquierdo hace los trabajos y el derecho controla la actividad del primero. La lateralidad se instala utilizando los circuitos más cortos para su plena eficacia. El circuito derecho parece haber sido elegido, de forma privilegiada, para asegurar controles de alto nivel. Múltiples experiencias de laboratorio han demostrado que sólo el oído derecho tenía el poder de controlar los diferentes parámetros de la voz y del lenguaje: intensidad, frecuencias, timbre, ritmo, desarrollo de la frase, estructura... Esto no significa que el oído izquierdo o en general el lado izquierdo, sean inútiles.

Es, por ello, importante que el pedagogo sepa que el niño está bien lateralizado. Si el oído derecho interviene plenamente en sus funciones de control de la voz y del lenguaje, será fácil verificar que el niño habla bien, que se expresa con facilidad y responde rápidamente a las cuestiones propuestas, probando así que oye y comprende lo que se le pide. Se constatará que su voz es clara, bien timbrada. Si observa su cara, verá que habla a derecha, que utiliza su boca derecha y todo su lado derecho para expresarse.

Las diferencias existentes entre cada lado del cuerpo en materia de lenguaje son notables, tanto sobre el plano simbólico pomo sobre el plano funcional: la izquierda representa la madre, el pasado, la voz, la vida estática, la tierra. La derecha es el padre, el futuro, el lenguaje, la vida dinámica.

Estas precisiones serán tenidas en cuenta al interpretar un test de escucha; las respuestas de cada oído indicarán la relación del niño con su madre o su padre y cuales son las tensiones que le impiden abrir plenamente el diafragma auditivo al mundo lingüístico.

Sobre el plano funcional, es fácil observar que hay una boca derecha y otra izquierda; por ello, existen dos laringes, inervadas cada una por el nervio recurrente o nervio laríngeo inferior (rama del neumogástrico o Xº par craneal). Seria bueno parar aquí al hablar de lateralidad. En este punto aparece una asimetría en contraste con la simetría del cuerpo. Esta asimetría del aparato laríngeo en su función fonatoria responde a dos impulsiones cerebrales sincronizadas, que emanan cada una de un hemisferio: el recurrente izquierdo inerva la laringe después de rodear la aorta por su base, mientras que el recurrente derecho, elige un trayecto mucho más corto, pasando bajo la vena subclavia derecha. Esta asimetría explica la doble respuesta de la laringe a la estimulación cortical. Se tendrá que esperar un tiempo para que el cerebro domine esta asimetría. Se adopta entonces, la opción derecha o izquierda, asegurando el control por la emisión laríngea derecha o izquierda.

Existe, por tanto, una voz derecha y otra izquierda y pueden ser vistas con facilidad por un oído experto. Sería bueno que un pedagogo tuviera un aparato auditivo bien entrenado, que le permitiera detectar la voz de su alumno: saber que una voz derecha es rica en .armónicos elevados, es cálida, bien timbrada, modulada; servirá de soporte a un lenguaje preciso, a respuestas rápidas, a ritmos armoniosos. La voz izquierda tendrá poco brillo, será sorda, grave, poco modulada, indicando la falta de armónicos. El lenguaje de esta voz será pobre, el ritmo lento. El niño será entonces dislateralizado, haciendo que su cerebro derecho o izquierdo realicen funciones para las que no están preparados: perderá una importante cantidad de energía que le ocasionará cansancio y dificultad de atención. En lenguaje se observará, en ocasiones, tartamudez o farfulleo que indicarán el uso asincrónico de ambas laringes.

Elementos para comprender ciertos procesos de aprendizaje escolar:

1- Los dos hemisferios cerebrales tienen roles diferentes

El cerebro izquierdo contiene en su área temporal, una zona reservada a la memoria nominativa, en el nervio auditivo derecho. La recepción del mensaje sonoro que ha de ser memorizado, tiene una vía de acceso privilegiada por e1 oído derecho. Es fundamental que su funcionamiento sea perfecto y que sea director. Añadiendo a este hecho que esta zona de la memoria nominativa es la única en estar aislada del córtex (que es un complejo de múltiples redes comunicadas)

Sólo el área citada tiene pocas relaciones con el conjunto del hemisferio izquierdo. Todo mensaje sonoro, para ser memorizado, deberá pasar por el hemisferio izquierdo. Debo insistir sobre el hecho de que el niño debe auto-controlarse por su circuito audio-vocal derecho para retener el mensaje: repetir y leer en voz alta.

El niño que se controla por oído izquierdo está poniendo barreras a la comprensión y memorización.
Los primeros aprendizajes se harán más fáciles apoyados en soporte musical: los elementos de base del lenguaje que el niño debe integrar están contenidos en los ritmos musicales.
La música es el mejor camino en la educación corporal; con ella, al integrar los ritmos, estamos integrando el tiempo y por su acción sobre el vestíbulo, las nociones del espacio a través de una buena verticalidad. La postura del niño ha de ser observada por el maestro: la columna vertebral debe de estar bien derecha, sobretodo cuando cante o recite. La postura de pié es preferible a la de sentado para estos ejercicios.

2- Si observamos en el córtex a nivel del frontal ascendente, las diversas proyecciones corporales, veremos que los músculos de la cara, los de la fonación, se encuentran al lado de la zona pulgar- índice de la mano derecha.
Si el niño tiene dificultad para hablar, memorizar, aprender, se le puede invitar a hablar colocando la mano derecha a diez centímetros de la boca, como si tuviera un micrófono. La voz se ilumina, se vuelve timbrada y la frase es más fluida. Para los niños zurdos que, con frecuencia, presentan problemas afectivos; que están fuertemente apegados a la madre, este ejercicio es una ayuda para preparar los circuitos de control audio-vocal.

3- El rol del nervio neumogástrico sobre el plano del lenguaje y la representación propioceptiva sensorio-motriz.

Su influencia sobre la vida neuro- vegetativa del niño es capital. Inerva a la vez el tímpano, los órganos de fonación y las vísceras (pulmones, corazón, intestino,...). Actuando sobre el tímpano, es decir, modificando la postura de escucha, se puede liberar al organismo de ciertos fenómenos de angustia manifestados a nivel de los órganos inervados por el neumogástrico.

Tristemente, un porcentaje notable de niños llega a la escuela primaria con dificultades motrices, alteraciones del lenguaje y dislateralidad, cuyo origen reside, generalmente, en problemas emocionales que han bloqueado su deseo de comunicar su escucha, dando lugar a una disfuncionalidad vestíbulo-coclear.

El maestro deberá detectar el estado de maduración psico-sensorial del niño y observar la escucha, el lenguaje y la expresión corporal, unidos íntimamente con la verbalización.

De la dinámica del lenguaje, van a depender la lectura y la escritura. Si el lenguaje oral está mal estructurado, el lenguaje escrito no podrá ser integrado adecuadamente y el niño será DISLEXICO.

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